El herpes es una infección en la piel que se produce por la acción de un virus transmitido a través de contacto físico. Existen dos tipos de virus de herpes fundamentales: el virus del herpes simple y el virus del herpes zóster. Cuando se adquiere, éste accede a los nervios de nuestra piel a través de una lesión y se instala ahí para manifestarse en síntomas molestos y problemáticos. Desafortunadamente no existe una cura que elimine al virus del herpes, pero existen tratamientos para lidiar con los síntomas.
Existen dos tipo de virus simple: el de tipo I (VHS-I), causante del herpes labial; y el de tipo II (VHS-II), responsable del herpes genital. En ocasiones estos virus afectan a otras zonas del cuerpo como la cara o los labios, dado a que se contagian con el contacto físico de las manos en las zonas húmedas. Si no se trata el irus del herpes simple, puede llegar a producirse ceguera corneal en casos graves, o meningoencefalitis, infección o inflamación del cerebro. El virus del herpes simple afecta a la piel de zonas que se humedezcan con frecuencia y los brotes de síntomas surgen cuando el organismo se encuentra bajo de defensas con un sistema inmunológico débil. Las personas de mayor edad, con cáncer, alcoholismo, Sida o grandes quemaduras son más débiles ante el virus, que puede causar infeccione más peligrosas, como una neumonía. La transmisión del virus del herpes simple se produce por el contacto físico con la zona afectada de una persona que lo tiene. En el caso del herpes genital, el contagio puede producirse por sexo vaginal, oral u oral. Normalmente, una lesión en la piel conduce el virus al nervio para quedarse ahí de manera indefinida.
El virus del herpes zóster es el mismo virus que causa la varicela, que en edades adultas se manifiesta de manera distinta que en niños. De hecho, el herpes zóster es una reactivación de virus latente de la varicela, produciendo pequeñas ampollas dolorosas en forma de anillo agripadas en la zona del costado. Según los nervios afectados, el no tratamiento del virus del herpes zóster puede complicarse en personas con un sistema inmunológico débil, como la parálisis motora facial temporal, la insuficiencia respiratoria u otras infecciones bacterianas. Las personas más vulnerables ante el virus del herpes zóster son las de edad avanzada o con alteraciones en el sistema inmunológico, pero se puede tratar de manera paliativa con antivirales que detienen la infección.
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